Vivienda ubicada en Zaragoza.
La intervención se centra en recibidor, escalera y salón-comedor, articulados a través de un eje claro que organiza la vivienda.
La escalera se convierte en el elemento central del proyecto, entendida como un volumen continuo que ordena el recorrido. Su materialidad, resuelta en yeso alabastrino, aporta una lectura homogénea y una presencia serena y contundente.
La iluminación se integra en la propia arquitectura —muros, pasamanos y puntos estratégicos— acompañando el movimiento y enfatizando planos, espesores y transiciones.
En el salón-comedor, la propuesta mantiene esta misma lógica: materiales contenidos, texturas precisas y piezas seleccionadas que construyen identidad sin exceso.
El resultado es un espacio equilibrado, donde materia, luz y geometría trabajan conjuntamente para definir una arquitectura clara, pensada para permanecer.






