La Embajada

La Embajada se desarrolla en un palacio del siglo XIX, edificio catalogado y único vestigio conservado de un conjunto histórico construido con motivo de una exposición en el centro de Zaragoza. El proyecto parte del respeto a la arquitectura existente y de la voluntad de recuperar su carácter representativo.

El edificio, retranqueado respecto a la plaza, había perdido presencia urbana. La intervención pone especial atención en la iluminación exterior, utilizando la luz como herramienta para reforzar su visibilidad y devolverle una relación directa con la ciudad.

Se recupera la entrada principal original, anteriormente anulada y utilizada como espacio de almacenaje, devolviendo protagonismo a la escalinata de mármol existente y construyendo una secuencia de acceso basada en la profundidad, la luz y la percepción progresiva del espacio.

En el interior, el proyecto potencia la riqueza arquitectónica del edificio, trabajando sobre techos, carpinterías, vidrieras y elementos ornamentales. Las carpinterías y molduras existentes se reinterpretan mediante una paleta en negro y dorado, reforzando su presencia y dialogando con el carácter histórico del palacio desde una mirada contemporánea.